La España vacía

El otro día comentaba en twitter sobre la escasa densidad de población que hay en este nuestro país.

En España hay grandes desiertos demográficos y uno de ellos está en el noreste de la provincia de Granada. Mi pueblo tuvo en tiempos más de 5000 habitantes, hoy apenas llega a los 2000 empadronados, y seguramente los residentes habituales no sean más de 900 y me temo que va a menos (las defunciones superan ampliamente a los nacimientos). A mí me encanta venir al pueblo, ver a la familia, a los amigos de siempre, pero no puedo negar que me invade cierta pesadumbre ante la sensación de falta de vida y de abandono del mismo.

En el polo opuesto están las grandes urbes, ya sabéis a cuales me refiero, dónde la mayoría vivimos apiñados en bloques de pisos que asemejan colmenas, malgastando 2 horas al día entre ir y volver del tajo, respirando esa mezcla infame de partículas que llamamos aire. La situación podría revertirse, puesto que en muchos trabajos existe la posibilidad técnica de teletrabajar los 5 dias de la semana pero sin embargo no acaba de implantarse en este país.

Nos quejamos de las huelgas de taxi, de la subida de precios de los alquileres, del tiempo que perdemos en desplazamientos, etcétera, pero quizá si cosas como el teletrabajo o que la mayoría de los ofertantes de empleo no estén en las macrociudades, algunos de esos problemas menguarían.

Seguro que más de un urbanita impenitente como mi amigo Carlos Gil, agradecería que la España vacía no fuera tal y así poder disfrutar él de la ciudad y yo de la no ciudad.

 
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